Hoy hace exactamente 10 años, llegué a Barcelona. Con un par de maletas, la carta de aceptación para un Máster, algunos libros, muchos nervios y las ganas increíbles de comerme el mundo para volver a mi país: Esta es mi historia, la de una venezolana en Barcelona.

Recordaba que había llegado a Barcelona un Octubre, pero hasta que me decidí escribir este post, tan personal, y por el que me han preguntado tantas veces, fue que me tomé la molestia de revisar mi pasaporte de esa época. Fueron tantas las entradas y salidas entre España y Venezuela después de eso, que tuve que revisar página por página para encontrarlo!

Llegué aquí con Oswal, y decidimos venirnos a estudiar un master cada uno en nuestras áreas, la mía Comunicación, la de él Odontología. La idea inicial fue suya y yo como no podía dejarlo escapar –risas– decidí montar un plan B, y venirme con él, pero a hacer algo por mi cuenta, no a perseguirlo, claro –más risas-. El universo conspiró de tal manera, que un día recibí la llamada mas gratificante de mi vida: «Has sido preseleccionada para optar por una Beca de estudios en el Extrajero». Miles de entrevistas y papeleos después, me otorgaron la beca que me permitió llegar a Barcelona. Fui uno de los 200 afortunados seleccionadas entre 10mil personas por haber superado las entrevistas y por méritos académicos. ¡Fue sin duda el día mas feliz de mi vida!

Llegamos en el 2006…

Era una España de «éramos ricos y no lo sabíamos«, nadie te alquilaba un piso sin pagar por adelantado como 50 años…y durante los primeros meses no para de decirme «qué hago yo aquí, con lo bien que estaba en Venezuela«. Oswal pensaba lo mismo, pero no nos decíamos nada por no desanirmarnos. Eso lo descubrimos después

Al principio extrañaba o echaba de menos todo: mis amigas, mi coche/carro, mi familia, la comida, los espacios grandes, la desplanificación con la que vivimos los venezolanos, los supermercados abiertos 24h, las salidas improvisadas, las parrillitas, los centros comerciales abiertos los domingos, playa en Carnavales, playa en Navidad, playa en Semana Santa y playa cualquier día del año. Y mientras más echaba de menos todo eso, menos disfrutaba de todo lo que Barcelona tenía para ofrecernos…

Terminamos los estudios, y como la situación en Venezuela comenzaba a deteriorarse, como todo eso que echaba de menos se empezaba a perder entre las malas noticias, nos inventamos hacer nuevos masters, porque al final, si te vas de un país, lo único que te llevas contigo son tus estudios…Terminamos esos masters y las cosas no se mejoraban ni un poquito, y en Barcelona nos iba bien. Venga, nos casamos…

Nos casamos en Barcelona!

A los dos años de estar aquí, cambió una ley que le permitió a Oswal recuperar la nacionalidad española -demostrando un montón de cosas- por su abuela, porque aunque la mitad de él es europeo (madre catalana, abuelo francés, bisabuelos italianos…) el tan solo era un venezolano más, como yo, estudiando fuera del país. Cambio la ley, y cuando finalmente tuvo todo por un mensaje de texto (no recuerdo si de Blackberry o Whatsapp) me hizo la petición de matrimonio menos romántica y más feliz de la historia: ¡Ya soy español de origen, nos casamos! Y así fue como yo, una venezolana con apellido extranjero, se convirtió en la esposa o mujer -como dicen aquí- del español mas guapo del mundo. Organizamos la boda en 15 días, y aunque si pudiera repetirla cambiaría algunos detalles, fue una boda muy bonita, divertida y muy venezolana (esto solo lo entenderán quienes han ido a una boda en Venezuela…que bailas desde que llegas hasta que te echan).

Y siguió pasando el tiempo, y nació Carlota

Con Carlota, entramos en la depresión de los exiliados (me inventé el nombre). Sufríamos pensando en que nunca crecería con sus primos cerca. Sus abuelos estaban lejos. Yo lloraba por eso, lloraba mucho. Y aunque Venezuela estaba peor, pensábamos en volver una y otra vez, sin importar nada, tan solo para estar cerca de la familia.

Y pasaron 2 años, y nació Fedora

Me pasé 3 meses del postparto en Venezuela, y me estrené como mamá viajera, porque Oswal debía regresar a Barcelona y yo con tal de disfrutar mas de mi familia y amigos, más de ese calorcito caribeño y más de la felicidad de ver a Carlota y Fedora disfrutando de los primos, las piñatas, las pisicinadas improvisadas, del parque con los hijos de mis amigas; decidí quedarme mas tiempo y volver 2 meses después  sola como mamá de dos en un viaje de 12 horas, pero valió la pena.

Pero algo cambió!

Nada mas volver en el 2013 de Venezuela, cuando todo empezaba a estar peor, la inseguridad estaba desbordada (o al menos lo creíamos, porque ahora está mil veces peor), y empezaban a faltar cosas como pañales, servilletas o huevos, Oswal y yo tuvimos nuestra primera conversación de «Por ahora nos quedamos en Barcelona«…

Y a partir de ese momento, en que asumimos que Barcelona sería nuestra realidad durante mucho tiempo, ese momento, 6 años después de haber llegado cambio nuestras vidas. Durante esos años siempre nos sentíamos como de paso, como en tránsito, comprar desde un sofá, una plancha para el pelo o un coche/carro siempre empezaban con un «y si nos regresamos que hacemos con esto?»…Pero ese día, de un Octubre por cierto, Barcelona se convirtió en nuestro hogar.

Y nos involucramos, y empezamos a disfrutar…

Todo empezó a fluir, en todos los aspectos. Dejamos de ver las cosas negativas de nuestra nueva realidad, para disfrutar más de las cosas buenas. Se acabaron las conversaciones de «y si nos regresamos» con su respectivo desgaste emocional. Ampliamos nuestro circulo de amistades, empezamos a hacer planes para todo como la gente de aquí (aunque nos sigue gustando la improvisación), organizamos viajes y encuentros familiares para que los primos compartan en las vacaciones, intentamos recordarle a las niñas lo mucho que las echan de menos sus primos, tios, y amigos de Venezuela, seguimos comiendo arepas todos los fines de semana, hacemos hallacas en Navidad, y soñamos con el día en que podamos volver a disfrutar de la Venezuela que dejamos hace 10 años.

Ahora mismo, yo soy venezolana y española a la vez. En ese orden. Mis hijas en cambio son españolas y venezolanas, a la vez y en ese orden. Eso nadie lo va a cambiar, y de mi parte, solo me queda recordarles lo afortunadas que son de ser de dos países y enseñarles a amar ese otro país en el que está gran parte de nuestra vida, de la misma forma que ellas me han enseñado a amar este país, y esta ciudad que por cierto es una de las mas bonitas del mundo, y que nos ha dado tanto.

Y ya para terminar, en respuesta a las preguntas que me han hecho varias veces sobre la aceptación y sobre si volvería a Venezuela…

Nunca me he sentido segregada, rechazada, ni maltratada por el hecho de ser una venezolana en Barcelona, ni de parte de los que piensan que los extranjeros les roban las oportunidades, ni de parte de los venezolanos que dicen que si te vas no tienes derecho a opinar sobre lo que pasa allá. No porque no me haya tropezado con algún idiota por el camino, sino porque no me siento amenazada por ese tipo de observaciones, ni siquiera lo puedo considerar un insulto ofensa o insulto, sino que me dice más del nivel cultural de quien lo dice 😉

Sobre si volvería a Venezuela…De vacaciones, todas las veces que pueda (no me canso de hacerlo); a vivir, no lo sé!. El destino da muchas vueltas…Si se pareciera un poquito a lo que era hace 10 años, probablemente! Venezuela lo es todo para mí, y no hay mejor lugar para vivir en el mundo que ese que dejé -no el de ahora-. Por ahora estamos aquí, y es que Barcelona nos ha dado mucho más de lo que nos podría ofrecer Venezuela ahora mismo….

«Cuando uno extraña un lugar, lo que realmente extraña es la época que corresponde a ese lugar; no se extrañan lo sitios, sino los tiempos»-

Jorge Luis Borges

UNA VENEZOLANA EN BARCELONA

UNA VENEZOLANA EN BARCELONA

UNA VENEZOLANA EN BARCELONA

UNA VENEZOLANA EN BARCELONA

UNA VENEZOLANA EN BARCELONA

Espero que te haya gustado este post tan personal de mi historia como venezolana en Barcelona y no olvides dejarme tus comentarios más abajo si te gustó!

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